La onda expansiva del ecocidio
“Hoy, muy difícilmente hablemos con alguien que nos pueda decir que una peor calidad del aire no afecta su salud o la salud de la comunidad en general”, afirmó Facundo Fernández, magister en Salud Pública e integrante de la Comisión de Salud Socioambiental del Colegio de Médicos de la provincia de Santa Fe 2º circunscripción. Al tiempo que destacó que, “el ambiente en general, y el aire forma parte de lo que entendemos por ambiente, afecta directamente nuestros procesos de salud todos los días”.
Por su parte, el médico Damián Verzeñassi, director de Instituto de Salud Socioambiental (Inssa) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), contó que en 2024, en la ciudad de Rosario, “estamos respirando un aire que está cargado con partículas que no solamente impactan en nuestros pulmones, en nuestras vías respiratorias y las inflaman, sino que además viene acompañado de químicos que, incorporados en nuestros torrentes sanguíneos, nos generan problemas de salud”.
Entre los cuadros principales de afectación a la salud de las personas, el médico del Inssa, quien es uno de los autores del libro “La vida hecha humo”, editado en 2020 a través de su Instituto, enumeró una serie de implicancias explicitas durante los días en que el aire está más contaminado: “un aire cargado de sustancias químicas y partículas en suspensión que no nos permiten oxigenarnos correctamente incrementa los problemas de salud cardiorespiratorios pero sobre todo cardíacos, aumentando los infartos y los problemas de insuficiencia cardíaca, nos generan problemas a nivel oftalmológico y dermatológico, esto lo conocemos todos, pero lo que no estamos muy en condiciones de asimilar es la información respecto del daño genético que genera el estar respirando aire con este tipo de partículas y sustancias químicas”.
Para la ambientalista y docente Julieta Bernabé, “hay un tema de calidad de vida que hoy está muy afectado”, destacó en 2020 quien fuera impulsora, por ese año, de una encuesta titulada “Por una vida sin humo” que sumó la opinión de unas ochocientas víctimas del aire contaminado en la ciudad de Rosario. El relevamiento evidenció la afectación del humo a través de unos setenta problemas de salud.
Entre las afecciones se encuentran: conjuntivitis, rinitis, sangrado nasal, epistaxis, llagas en la mucosa bucal, agitación, ahogamiento, sofocación, congestión, taquicardia, inflamación de ganglios, dificultad severa para respirar, insuficiencia respiratoria, bronco espasmo, disnea, neumonía intersticial, problemas cardíacos, dolor de cabeza, náuseas, mareos, cefaleas, vómitos, malestar general, falta de oxígeno, hipertensión arterial, alergias dermatológicas y seborreas, malestar gástrico, tristeza, angustia, cambios de humor, ataques de pánico, entre otras.

“Se habla del humo como una molestia pero eso es la categoría menor de daño. En el relevamiento hablamos de gente enferma, de desarrollo y agravamiento de patologías y de muerte, casos excepcionales, pero no por eso dejan de existir”, comentó Bernabé.
“Esas afecciones pueden ser lo que nosotros los médicos llamamos afecciones agudas es decir que se dan en un momento específico y después los síntomas ceden, que pueden durar horas, minutos o algunos días, y después enfermedades crónicas que se extienden en el tiempo” afirmó el profesional Facundo Fernández quien es uno de los responsables de “Aire puro es salud”, otro libro editado en Rosario por el Colegio de Médicos y que, junto a “La vida hecha humo” del Inssa, se erigen como de los trabajos más serios de la comunidad científica local.
A partir de los informes presentados por referentes ambientales, de la sociedad civil y la salud de la región en 2020, distintas autoridades provinciales se hicieron eco de la demanda social para legislar sobre la emergencia ambiental ya consumada. Es el caso de la diputada Mónica Peralta quien fue autora de numerosos proyectos legislativos a lo largo de esos años y organizó encuentros bilaterales para intentar encontrar una salida a las consecuencias de la crisis climática.

“´El daño a la salud es acumulativo y lleva más de 10 años´, me manifestó el Doctor Jorge Molina, Decano de la Facultad de Ciencias Médicas. Asimismo, el médico Pablo Arias aportó en igual sentido que: `las regiones donde existe más contaminación tienen más muertes por Covid-19´”, recordó Peralta. Además, recuperó las palabras de Mariana Mina, una habitante desde hace más de 15 años de la zona de islas que lucha por la conservación de esos espacios: ´Vivir en la isla es hacerlo en un agujero negro donde ni Santa Fe, ni Entre Ríos se hacen cargo de nada´”, repasó quien, por esos años, también fuera autora de un ambicioso proyecto de ley que tuvo por objeto prevenir, controlar y corregir las situaciones de contaminación del aire a partir de fuentes fijas en el territorio santafesino, cualesquiera fueran la causas que las produjeran.
Esa ley, justamente, promovía la creación de medidores de calidad del aire, una deuda pendiente hasta hoy en Santa Fe que tenía por finalidad “implementar la instalación de estaciones de monitoreo de calidad del aire en base a criterios objetivos que permitan dar cuenta de la situación y los niveles de contaminación atmosférica en la Provincia”, se puede leer en el artículo 6 del citado proyecto que, a su vez, establecía penas severas para su incumplimiento así como la instalación de sistemas de monitoreo continuo “tanto en emisión atmosférica como en calidad de aire sobre aquellos establecimientos generadores, parques industriales y sectores planificados".
A pesar de la ausencia del Estado provincial y municipal para avanzar con contundencia en ese tema central, la Universidad Nacional de Rosario tomó las riendas y acercó soluciones. Un estudio realizado por el Laboratorio de Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura, en el marco de las actividades de control y monitoreo ambiental desarrolladas por la UNR, aportó datos alarmantes sobre la calidad del aire en la ciudad como consecuencia del humo de los incendios en la zona de islas en 2020.
En ese sentido, el ingeniero e investigador del Observatorio Ambiental de la UNR, Rubén Omar Gabellini, contó que las mediciones realizadas el 14 de junio de 2020, “daba como resultado una contaminación cinco veces más alta de lo que normalmente hay”. Y destacó: “Ese mismo día realicé otra medición y también había partículas respirables de PM 2,5, las cuales pasan a los pulmones directamente y de allí pueden pasar a la sangre”, expresó Gabellini.
“El aire tiene impacto directo en las mucosas”, indicó Fernández y destacó que los más habituales “son los síntomas irritativos agudos, es decir, síntomas respiratorios que pueden ir desde rinitis, picazón de la garganta, a reagudización de cuadros respiratorios en pacientes asmáticos, con enfermedad pulmonar obstructiva crónica. También muchos síntomas oculares y otros que son más inespecíficos como mareos, dolores de cabeza que se dan particularmente cuando estás respirando una mala calidad de aire durante un tiempo prolongado”.
El Ingeniero explicó: “Cuando la partícula cae, la gente la respira. Las partículas que no se ven, son las más perjudiciales para la salud: bajan las defensas de los seres humanos, producen enfermedades respiratorias, favorecen enfermedades como, por ejemplo, el coronavirus”, y apuntó que “la contaminación por las quemas, dependiendo de diferentes factores ambientales, puede llegar a localidades que se encuentren en un radio de hasta unos 60 kilómetros”.

Entre otros datos aporta el informe que, dada la medición realizada en horas de la mañana, se observó que “el valor medido excedió la concentración máxima permitida del material particulado (PM10) en un 41 por ciento (Parque Nacional a la Bandera) y en un 31 por ciento en el barrio de Pueblo Nuevo de la vecina localidad de Villa Generador Gálvez”. Y que, según las nuevas Directrices mundiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la calidad del aire se “aportan pruebas claras del daño que la contaminación del aire inflige a la salud humana en concentraciones aún más bajas de lo que se suponía hasta ahora. Las directrices recomiendan nuevos niveles de calidad del aire para proteger la salud de las poblaciones mediante la reducción de los niveles de los principales contaminantes del aire”.

El humo es una suspensión en el aire de pequeñas partículas gaseosas que resultan de la combustión incompleta de un combustible. “Tiene distintos contaminantes en su haber dependiendo de la fuente de donde proviene”, completa Fernández y así diferencia el impacto que puede tener una fuente industrial de otra natural. “Cuando entran a nuestro cuerpo no solamente dañan de manera directa a través de la irritación de la mucosa sino que pueden mimetizar distintas sustancias en nuestro organismo como pueden ser las hormonas y eso generar distintos problemas de salud particularmente vinculados a la disrupción endocrina que juega el papel de regulador de gran parte de nuestro circuito y proceso de salud”.
A modo de conclusión, los médicos consultados resaltaron la falta de un registro cotidiano de medición como un caso de extrema preocupación que imposibilita trazar un reporte constante de la evolución de calidad del aire. “Los pocos estudios que existen en la ciudad de Rosario no nos dan buenos resultados”, dijo Verzeñassi mientras que Fernández destacó que “los estudios marcaron que por momentos del día, en Rosario, el aire superaba en seis veces la cantidad de material particulado, que es uno de los componentes del aire que dañan la salud según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

La OMS afirma que el 99 por ciento de la población global respira aire contaminado. Consultado sobre los pasos que, como sociedad, se deben tomar para enfrentar este flagelo silencioso, el doctor Fernández opinó que una de las claves está en cambiar la matriz de producción. “No podemos seguir pensando ciudades en las que gran parte de la población se tiene que estar desplazando kilómetros todo el tiempo sino que tenemos que poder empezar a pensar que la vida, a pesar de ser en grandes ciudades, tiene que ser en circuitos mucho más chicos, lo cual lleva a reducir el consumo de energía”.
Entre las recomendaciones en materia de políticas de incidencia pública Fernández sugirió tomar medidas de mitigación, adaptación y también otras que vayan en pos de mejorar la calidad del aire: “Las medidas de mitigación en términos urbanos son la regulación y disminución de fuentes contaminantes principalmente el tránsito, los incendios, las quemas de basurales, algún tipo de construcción y las industrias. Después renaturalizar, rearbolar las ciudades, porque los árboles son los principales subtractores de sustancias tóxicas y depuradores del aire. Luego hay que ir hacia medidas de adaptación que tienen que ver con la infraestructura, la movilidad, y avanzar hacia las llamadas ´ciudades de 15 minutos´, para que la gente pueda utilizar otros medios que no dependan de la energía fósil”.

