Por
Javier Hernández
Domingo, 20 de Septiembre del 2020
Resistir el lugar del beso y el abrazo
"Estamos construidos presenciales" me dice a través de WhatsApp en un intercambio de mensajes de audio que había comenzado recordando anécdotas de León Ferrari que ese mismo día habría cumplido 100 años. Pero con mi interlocutor, un artista y gestor cultural argentino, ya nos fuimos por las ramas, y ahora nos dejamos llevar por las reflexiones contemporáneas de turno.
Su frase me resuena. Me duele. Quizá porque hace 5 días que no salgo a la calle y no veo a nadie, ni hablo mirando a la cara. Que extraño siendo consciente del deseo de cuidar a les otres y a mí mismo.
Que vuelvo a estrenar la ventana y me dejo libre a la imaginación como resistencia, como hace 4 meses cuando me asomaba y escribía en torno a la vida en aislamiento desde lo que la vista y el horizonte permitía. Eran otros tiempos, de discursos homogéneos, nacidos donde siempre pero demasiado federales, podríamos decir hoy haciendo uso de una palabra que vuelve, para la diversidad que vivíamos por entonces de Ushuaia a la Quiaca.
"Estamos construidos presenciales"... Y pienso dar batalla activa, íntimamente, para resistir ese lugar del beso y el abrazo en mi memoria más profunda. Lo haré todos los días, hasta el último día. Por la memoria. Porque cuando toda esta pesadilla haya terminado no quiero encontrarme deconstruido por la rutina de un mundo aséptico, haberme entregado a la costumbre, soslayado la cultura, verme imbuido por una versión virtual de mi mismo.
En marzo ya escribí que me hubiera gustado ver en la primera mesa de dirección de la crisis al ministro de cultura junto al comité de expertos y funcionarios. Pasaron 6 meses y la dimensión cultural sigue ausente, invisible. Y me pregunto: Saldremos de esta pesadilla pensando la salud a partir de la enfermedad, y/o como mera conservación física de un cuerpo biológico?
El cuerpo es mucho más que algo a lo que hay que alimentar en el supermercado, algo más que cuidar biológicamente. La Cultura que pueda pensarse más allá del mero entretenimiento, nos dará la llave para encontrar salidas creativas, mirarnos colectivamente y construir ese otro mundo, más consciente, generoso y afectivo que muchos anhelamos.
