Poner en jaque la mirada y atravesar el cosmos
¿Qué ocurre en la visión de una artista cuando comienza a observar detenidamente los cielos? ¿Cuántas dimensiones y atmósferas se abren ante esa perspectiva que toma la mirada? ¿Tienen dueño los cielos? ¿Y sí la respuesta es negativa: por qué cada vez parecen alejarse más de lo cotidiano de las mayorías? ¿Será que están en venta los cielos? ¿Habrá que democratizarlos? ¿Cuál es el precio del sol, las nubes y los colores?
Pensar en cielos, en plural, es dejarse guiar por la intuición para atravesar el cosmos sin esfuerzo. Ese contacto ofrece en primer lugar texturas, y en segundo caminos para transitar una búsqueda de horizontes remotos que son liberadores y emancipadores. También sentir los cielos es ganarle la disputa simbólica al capitalismo; es abrir paso a lo sensible. En este pensar-haciendo sí están las genuinas “Fuerzas del Cielo” que abrazan la libertad y luchan contra la opresión y la crueldad.
La artista rosarina Maite Acosta, se encuentra presentando en EstudioG (Catamarca 1427, locales 12 y 24) la muestra “Pensar Cielos”, en donde expone una serie de pinturas al óleo de fragmentos de cielos que forman parte de una serie de más de 150 trabajos que comenzó a realizar a finales de 2024.

Los colores, las texturas, la presencia de luces y sombras invitan a poner en jaque los pensamientos y formatear los preconceptos . Con curaduría de Roberto Echen y montaje de Matías Pepe, las obras en su unicidad aparentan gozar de movimiento -aunque todo depende del sistema de referencia- adoptando dispositivos colectivos por gama de tonalidades. El ensamble final resalta la acción logrando que el espectador quede por fin detenido en un espacio que excede la propia singularidad. Se trata de una composición total que aloja y abraza.
Los cielos de Acosta están fragmentados y, en algunos casos, remiten a obras consagradas de la historia del arte de las que la artista se alimentó a lo largo de su carrera. Como escribe Echen en el texto curatorial, “Maite pinta al óleo, siguiendo la tradición de la pintura y pone a cada uno de esos fragmentos en un espacio múltiple, en tanto se percibe como parte de una serie que lo incluye, pero también como parte de una historia (la de la pintura) a la que remite (más aún, a un momento de esa historia que lo hace emerger como palimpsesto o anacronismo); también como algo no completo e imposible de completar ya que —si bien la cantidad de pinturas de ese período es (obviamente) finita— el ir a su encuentro deviene en una cantidad seguramente inabarcable de posibilidades”.

Aunque cada obra, de las más de cien que están exhibidas en la sala, tiene una lectura propia, el corpus consigue una dimensión colectiva que se contempla inmersiva y recuerda aquello que sucede al soñar -y también al mirar por la ventanilla de una avión cuando alcanzó la velocidad crucero-: que el cielo ya no está sólo arriba, ocupó todo el campo visual, y se contempla mejor en vertical. Como en las paredes curvadas de esta galería.
Con entrada libre y gratuita, la exposición se podrá visitar hasta el 17 de junio, de miércoles a viernes de 16 a 20, y sábados de 11 a 14.